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El Papa ve una nueva primavera del Rosario
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P. Eduardo Volpacchio  
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De: "P. Eduardo Volpacchio" <edvo...@gmail.com>
Fecha: Wed, 14 May 2008 09:07:10 -0300
Local: Mié 14 mayo 2008 09:07
Asunto: El Papa ve una nueva primavera del Rosario

*El Papa ve una nueva primavera del Rosario*
Intervención tras rezar la oración mariana en la Basílica de Santa María la
Mayor

CIUDAD DEL VATICANO, martes, 13 mayo 2008 (ZENIT.org <http://www.zenit.org/>).-
Publicamos las palabras que pronunció Benedicto XVI al final del rezo del
Rosario en la Basílica de Santa María la Mayor de Roma el pasado sábado 3 de
mayo de 2008.

* * *

*Queridos hermanos y hermanas:*

Al final de este momento de oración mariana, os dirijo a todos mi cordial
saludo y os agradezco vuestra participación. En particular, saludo al
cardenal Bernard Francis Law, arcipreste de esta estupenda basílica de Santa
María la Mayor. En Roma este es el templo mariano por excelencia, en el que
los habitantes de la ciudad veneran con gran afecto el icono de María *Salus
populi romani*. He aceptado de buen grado la invitación que me han hecho a
dirigir el santo rosario el primer sábado del mes de mayo, según la hermosa
tradición que he vivido desde mi infancia. En efecto, en la experiencia de
mi generación, las tardes de mayo evocan dulces recuerdos relacionados con
las citas vespertinas para rendir homenaje a la Virgen. ¿Cómo olvidar la
oración del rosario en la parroquia, en los patios de las casas o en las
calles de las aldeas?

Hoy, juntos, confirmamos que el santo rosario no es una práctica piadosa del
pasado, como oración de otros tiempos en los que se podría pensar con
nostalgia. Al contrario, el rosario está experimentando una nueva primavera.
No cabe duda de que este es uno de los signos más elocuentes del amor que
las generaciones jóvenes sienten por Jesús y por su Madre, María. En el
mundo actual, tan dispersivo, esta oración ayuda a poner a Cristo en el
centro, como hacía la Virgen, que meditaba en su corazón todo lo que se
decía de su Hijo, y también lo que él hacía y decía.

Cuando se reza el rosario, se reviven los momentos importantes y
significativos de la historia de la salvación; se recorren las diversas
etapas de la misión de Cristo. Con María, el corazón se orienta hacia el
misterio de Jesús. Se pone a Cristo en el centro de nuestra vida, de nuestro
tiempo, de nuestras ciudades, mediante la contemplación y la meditación de
sus santos misterios de gozo, de luz, de dolor y de gloria.

Que María nos ayude a acoger en nosotros la gracia que procede de estos
misterios para que, a través de nosotros, pueda difundirse en la sociedad, a
partir de las relaciones diarias, y purificarla de las numerosas fuerzas
negativas, abriéndola a la novedad de Dios. En efecto, cuando se reza el
rosario de modo auténtico, no mecánico y superficial sino profundo, trae paz
y reconciliación. Encierra  en sí la fuerza sanadora del Nombre  santísimo
de Jesús, invocado con fe y con amor en el centro de cada avemaría.

Queridos hermanos y hermanas, demos gracias a Dios, que nos ha concedido
vivir esta tarde una hora de gracia tan hermosa, y en las próximas tardes de
este mes mariano, aunque estemos distantes, cada uno en su propia familia y
comunidad, sintámonos igualmente cercanos y unidos en la oración.
Especialmente durante estos días que nos preparan para la solemnidad de
Pentecostés, permanezcamos unidos a María, invocando para la Iglesia una
renovada efusión del Espíritu Santo. Que, como en  los orígenes, María
santísima ayude a  los  fieles de cada comunidad cristiana a formar un solo
corazón y una sola alma.

Os encomiendo las intenciones más urgentes de mi ministerio, las necesidades
de la Iglesia, los grandes problemas de la humanidad:  la paz en el mundo,
la unidad de los cristianos, el diálogo entre todas las culturas. Y,
pensando en Roma y en Italia, os invito a rezar por los objetivos pastorales
de la diócesis y por el desarrollo solidario de este amado país.

Al nuevo alcalde de Roma, honorable Gianni Alemanno, a quien veo aquí
presente, le expreso mi deseo de un servicio fructífero para el bien de toda
la comunidad ciudadana. A todos vosotros, aquí reunidos, y a cuantos están
unidos a nosotros mediante la radio y la televisión, en particular a los
enfermos y a los que sufren, imparto de corazón la bendición apostólica.


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